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Después de la Segunda Guerra Mundial, lo aliados diseñaron un Tribunal Militar Internacional para juzgar a los jefes nazis, este juicio arrojó verdades polÃticas y psicológicas, al conocerse los crÃmenes contra la población civil por racismo o como consecuencia de la dominación de sus paÃses. Este episodio es más conocido como los Juicios de Núremberg, contra 24 de los principales dirigentes nazis, sustentado en la Carta de Londres[1]. Unos 700 nazis aproximadamente fueron condenados a la muerte, prisión o cadena perpetua. Cuatro fueron las acusaciones crÃmenes contra la paz, crÃmenes contra la humanidad, crÃmenes de guerra y conjura[2].
Lo sorprendente de este hecho es que ninguno mostró arrepentimiento, se escudaron en la obediencia o en la causa de defender al pueblo alemán de los judÃos. Interrogando a Rudolf Höss, comandante en jefe del Campo de Concentración de Auschwitz, sobre cuántas personas habÃan sido ejecutadas, respondió: "el número exacto es difÃcil de determinarlo. Yo calculo que alrededor de dos millones y medio de judÃos…yo recibÃa órdenes personales de Himmler…las razones que me daba…las tenÃa que aceptar…pensaba que estaba haciendo lo correcto, obedecÃa órdenes…" (Goldensohn, 2004). Fritz Sauckel, encargado del reclutamiento de la mano de obra extranjera en Alemania, repitió ante los reiterados cuestionamientos en torno al holocausto que solo era un funcionario que obedecÃa órdenes (Overy, 2003). Herman Göring, refiriéndose a la actitud de Hittler, dijo: "en el último año de la guerra; a sus ojos, una vida humana ya no tenÃa ningún valor".
La obediencia deja de ser una virtud, cuando sus resultados exterminan la dignidad de la persona humana; no pudiendo justificarse con ella la falta responsabilidad individual en los resultados de un acto. Las causas polÃticas tienen lÃmites, y es el respeto a la dignidad de la persona humana. Los autoritarismos y totalitarismos han tenido de origen o en su proceso un fuerte respaldo popular; porque son fenómenos sistémicos y estructurales. Los estados totalitarios, autoritarios o hegemónicos cumplen sus objetivos porque en ellos trabajan miles o millones de seres humanos (URSS-China).
El PRI como estado hegemónico y presidencialismo exacerbado despertó simpatÃas, tiene defensores muy satisfechos de su credo. ¿Por qué el PRI siendo un modelo de gobierno ineficaz y corrupto tiene adeptos? Un poco sustentado en los interrogatorios en el Tribunal Internacional Militar de Núremberg y revisado el Juicio de Adolf Eichmann en Jerusalén, desde la óptica de Hanna Arendt; hay que rescatar algunas el fenómeno de la "obediencia" como un elemento psicológico que motiva la voluntad de muchos votantes priistas.
¿Es factible que un ser humano común por obediencia puede ocasionar un mal a sus semejantes?, ¿Hittler, Himmler, Göbblels, Eichmann y Rudolf Höss son casos excepcionales o todos potencialmente por "obedecer" podemos llegar a inimaginables actos? Stanley Milgram, explica: "Monté un simple experimento en la Universidad de Yale para probar cuánto dolor infligirÃa un ciudadano corriente a otra persona simplemente porque se lo pedÃan para un experimento cientÃfico. La férrea autoridad se impuso a los fuertes imperativos morales de los sujetos (participantes) de lastimar a otros y, con los gritos de las vÃctimas sonando en los oÃdos de los sujetos (participantes), la autoridad subyugaba con mayor frecuencia. La extrema buena voluntad de los adultos de aceptar casi cualquier requerimiento ordenado por la autoridad constituye el principal descubrimiento del estudio. (…) durante el experimento se pidió a 40 expertos que predijeran la reacción de los sujetos, estimaron que la mayorÃa no pasarÃa de los 150 voltios, y que sólo uno de cada mil, el sádico, llegarÃa a los 450 voltios. En realidad, dos tercios de los sujetos llegaron hasta el final"[3].
La obediencia es peligrosa, no fue el nazismo un caso de excepción, corroboran este hecho los regÃmenes totalitarios y autoritarios, que mantienen denigrada la condición humana de sus pueblos. Desde la opresión infringida por la burocracia al gobernante hasta el holocausto instrumentado en la obediencia, son la escala de un mismo fenómeno donde la "férrea autoridad se impone a los imperativos morales de los sujetos".
La subcultura priista tiene como uno de sus valores fundacionales y existenciales la obediencia al poderoso del momento. El presidencialismo con una excesiva concentración del poder jurÃdico, polÃtico y fáctico, funcionó por la obediencia de las camarillas y al Partido de Estado (PRI) se le atemperó su "vitalidad polÃtica" en nombre de la disciplina.
La sabidurÃa polÃtica popular en el PRI, tiene frases muy ilustrativas: "el que manda, ¡manda!, y si se equivoca vuelve a mandar", "regla uno, el presidente siempre tiene la razón, regla dos en caso de duda se estará a lo que diga el presidente", "ver, oÃr y callar", "los lagartos no vuelan, -pero el presidente dijo que sà vuelan-, bueno es que vuelan bajito" y muchas otras.
1. No tienen conciencia, aunque sà conocimiento del mal. La corrupción es tolerada, los asesinatos justificados, la impunidad promovida, el desvÃo de recursos ignorado, las crisis económicas son una fatalidad del destino y aceptan y defienden el modelo de ejercer en el poder. El priista de todos los niveles descansa su preferencia en su confort inmediato.
2. Me voy cuando sufre el mal (tránsfugas). Al salir del estado de confort y experimentar en sus propias existencias la injusticia del régimen, transitan del conocimiento a la conciencia. Todo se justifica mientras se está dentro del cÃrculo de los beneficiados, pero la marginación hace reflexionar e incluso, se asimila como injusto. Hay que ser "disciplinado" al grado de la humillación, pero cuando se renuncia a esta "regla" solo queda irse,
3. Costumbre, consecuencia de un proceso de culturización. El PRI promueve al PRI, no hay objetividad de acción gubernamental sino una marcada manipulación diaria y cotidiana. El remedio es la superación intelectual, polÃtica y humana, y esto incrementa la posibilidad de abandonar al PRI;
4. Permanencia por beneficios económicos directos como el empleo en la administración pública, proveedor, contratista de gobiernos de extracción priista,
5. Amistad unilateral, en la cual el padrino o el poderoso del momento tiene muchos derechos y el integrante de camarilla o simpatizante las obligaciones, estableciendo una dependencia similar a las de súbditos deseos de la "gracia del rey",
6. Obediencia. En las burocracias es donde se acentúa esta preferencia por el PRI, asocian la transición con la pérdida de empleo o una caÃda en sus calidades de vida. El cambio genera temor, y se prefiere el costumbrismo,
7. Por renuncia intelectual a la verdad, por conveniencia personal o cooptación. Es una autocensura, porque se evade u omiten reflexiones para no afectar al poderoso en turno,
8. Por beneficios personales como un estatus social o vÃnculos económicos. La pertenencia a cÃrculos sociales o económicos, asumidos como un estilo de vida,
9. Por integrar la estructura burocrática sindical del estado hegemónico o de los caciques. El chantaje por obtener una plaza o por el ascenso, verdaderamente una prostitución de la lucha obrera. LÃderes sindicales que se dan vida de magnates en contraposición a una clase trabajadora sometida al pago de cuotas, con precarios servicios de seguridad social, faltos de créditos para vivienda y mejores condiciones laborales,
10. Influencia familiar, porque durante varias generaciones han militado en el PRI, obteniendo beneficios económicos y polÃticos, lo que se denomina "La Familia Revolucionaria". Hasta la década de los 80 un estudio referÃa que era unas 250 familias en todo el paÃs. Todos los partidos polÃticos padecen el empoderamiento de familias dentro de sus estructuras de control e influencia,
11. HÃbrido ideológico. La debilidad ideológica polÃtica es la fortaleza de la inclusión sin compromiso especÃfico, el PRI ha mudado de ideologÃa sexenalmente y en relación a la conducción de los gobiernos estatales prevalece el pragmatismo polÃtico,
12. Muchos votantes no asimilan la estructura gobernante como sistema de inercias, confundiendo el cambio sexenal o de trienio, como un "cambio" de sistema, cuando en realidad es de un persona formada y empoderada por la tradición polÃtica que le da razón de ser a ese "sistema".
Dejar de votar por el PRI o salirse de él, es una superación polÃtica y psicológica, es una maduración de intelecto. No quiero decir con esto que los otros partidos no tengan amplios espacios donde pueden ser cuestionados, es un hecho que los tiene y además han cometido errores graves; pero la diferencia es que el PRI es un partido conservador de privilegios y su proceso histórico acredita acciones desleales a México como la deuda externa y en la actualidad esa "psicologÃa" de ejercer el poder es la misma. El paÃs cambió, pero el PRI no. Una parte del electorado cambio, pero hay otra que no quiere. En la medida que el PRI vaya siendo derrotado en las entidades federativas y en la fuerza legislativa en el senado y la cámara de diputados, el paÃs experimentará cambios sustanciales benéficos. El PRI se ha mantenido por la trampa (1988), el engaño (presidencialismo), la corrupción (Alemán, Durazo, Moreira, López Portillo), por la fuerza (Calles, López Mateos, DÃaz Ordaz, EcheverrÃa, De la Madrid). La deuda externa, bastarÃa para nunca más volver a votar por PRI, porque en unos años –ni siquiera un sexenio- la irresponsable osadÃa de López Portillo, comprometió la economÃa del paÃs durante generaciones. El endeudamiento es un icono o sello caracterÃsticos de los gobiernos priistas. ¿En qué nos tenemos que sustentar en los hechos de los priistas o en el sufrimiento del pueblo de México bajo sus regÃmenes? Montesquieu, dijo: "Cualquier injusticia contra una sola persona representa una amenaza hacia todas la demás". En la polÃtica, en nombre de una causa o de una ideologÃa no se podrá justificar nunca ningún tipo de violencia; los ejemplos que en la historia existen en contra de esta afirmación corroboran lo ineficaz de la fuerza. Gandhi, decÃa: "La violencia es el miedo a los ideales de los demás". La polÃtica es un instrumento de entendimiento, donde pueden construir los intereses confrontados. El priismo descansa sus convicciones en la "banalidad del mal" (Arendt, 2004), en el sentido banal que adquiere el mal cuando no hay la capacidad y conciencia de valorar y tener juicios racionales de las acciones propias y ajenas.
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