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En ocasiones me pregunto ¿Por qué no pueden tener acuerdos en Tabasco los integrantes de la clase polÃtica? Hay discursos descalificando, corrupción tolerada, capacidad de ofensa, ego-defensa, verbalización al estilo "Cantinflas" y quienes desean la "prueba del diablo" (la prueba de la prueba SCJN/ius) para acreditar la buena disposición del adversario. Estamos inmersos en los "recursos del diablo", consistente en suponer al adversario capaz de todo para destruir. En oposición a lo anterior, abanderan la agresión, la calumnia, el insulto y la ironÃa. La actitud polÃtica es dudar, sin ser racional, como sà la "duda", en sà misma, encarnará la veracidad. Hay dudas que provienen de la razón, y otras de la emoción; la primera, es objetiva y; la segunda, es una "emoción destructiva".
¿Cuál es la congruencia al señalar la corrupción del poder público cuando en la historia de las instituciones polÃticas a las que pertenecen la han encubierto?, ¿cómo decir estoy de lado del pueblo, cuando los impuestos carecen de transparencia al ser erogados? Hay una moral acomodaticia y "sexenal" cubriendo el currÃculum polÃtico de los integrantes de la clase polÃtica de Tabasco. AsÃ, distinguimos que el "honor polÃtico" tiene valoraciones diferentes. En 1988, con la caÃda del sistema; 1994, con el voto del miedo y el exorbitante gasto de campaña; 2000, con la derrota presidencial del PRI y; 2006, con el final dudoso. El repudio en 1992 a Salvador José Neme Castillo se transforma hoy en la adversidad que provocó la caÃda de un virtuoso. La acción reivindicatoria del "nemismo" era válida y necesaria, como fuerza de equilibrio contra el "neomadracismo o robertismo" antropófago de la clase polÃtica priista. Ninguna corriente dentro del PRI ha dejado tantos liderazgos fuera como el "neomadracismo"; ningún juicio ha sido tan severo como el realizado "nemismo". Unos entierran y otros reivindican a su padre.
Otros optaron por crecer a la sombra del caudillo polÃtico, sumándose incondicionalmente, al grado de justificar la incongruencia, la violencia, el fraude, el ilÃcito, el triunfo tramposo, llamando cualidad al perfil atávico, y calificando de ignorancia las convocatorias a la dignificación de la polÃtica.
La falta de acuerdo no es por la ausencia de ideas, sino de "seres humanos". Diré: ¡profundamente humanos! El polÃtico-antropófago asume el éxito como un proceso de despersonalización donde es válido simular virtudes. La despersonalización del ser humano es el origen del autismo o disemia del gobernante.
La descalificación del adversario, argumentada para no dialogar polÃticamente, es auto reconocerse tácitamente débil psicológicamente para la interacción constructiva. Se asumen débiles, inoperantes, incapaces de "influir", es decir, son analfabetas sociales en contraposición al concepto de inteligencia social.
Es válida cualquier convocatoria a construir, y será legÃtima si es plural, tolerante, incluyente y democrática. La "Democracia" es el acuerdo de los opuestos. Si para estar uno debe prescindir de otro, estamos en el sendero del autoritarismo, el totalitarismo o la dictadura; debemos acordar, disentir, pero no excluir.
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