Por Ricardo León Caraveo en Miércoles, 09 Marzo 2022
Categoría: Articulos

Gobernadores priistas al estilo de don Porfirio

 Ricardo León Caraveo
31 de julio de 2011 

La reflexión histórica en política siempre será ilustrativa, por más que los afectados al recordar la quieran desacreditar. El Porfiriato en más de tres décadas de dominación directa, no acabó con el adiós del Ipiranga en Veracruz, que transportaba a don Porfirio Díaz Mori y su familia, al autoexilio en París, Francia. 

El viejo dictador no pudo frenar los ímpetus de regreso de un régimen dictatorial por parte de sus correligionarios. Tuvieron que transcurrir más de 20 años para que los gobernadores porfiristas entendieran, aceptaran y se adaptaran a la nueva realidad social, política y económica en construcción. 

Rebeliones, asonadas, asesinato, cárcel, exilio, autoexilio y animadversión, provocó la necedad de mantenerse en el cargo. Los porfiristas, no dudaron en apoyar la muerte de Gustavo Madero y subordinarse al Tirano Victoriano Huerta, fueron antiprogresistas, anti constitucionalistas, en síntesis, fueron ANTI-MÉXICO. 

El Porfiriato impregnó nuestra cultura política, por ejemplo, celebramos la Independencia en el cumpleaños de don Porfirio y colgamos fotos de los titulares del Ejecutivo, como desde 1894 empezaron a hacer en el Estado de Morelos, para estimular el ego de Díaz Mori.

El Porfiriato y el Priato coinciden en este punto: la necesidad de regresar, como si les hubieran quitado algo de su propiedad o patentado el PODER PÚBLICO. Con extranjerismo, uno afrancesado y el otro con los Chicago-Boys del Salinato.​

La cultura y la sociedad mexicana durante el Porfiriato 

​Tendrán también una coincidencia: ¡no regresarán! Hechos irrefutables de su mal gobierno: los asesinatos de jóvenes en 1968, sin responsabilidades políticas y jurídicas para el priista Gustavo Díaz Ordaz y Luis Echeverría Álvarez, ambos señalados como agentes estadounidenses con la clave "Lepanto"

El Priato y el Porfiriato, tienen estructuras discursivas cargadas de formalidades, pero carente de sustancia, de congruencia. Un discurso es bueno en la medida que no incomoda y es un halago a los gobernadores convertidos en caciques modernos.

En torno al dictador y, ahora a los gobernadores, gira la política de las entidades federativas. Esta centrífuga del poder, hace del gobernador el epicentro, dibujando rasgos de cacique o caudillo, renovable sexenalmente. 

El Priato y el Porfiriato dependen de una clase política ADULADORA, con frases "hechas a modo" a lo largo de décadas de genuflexión política. La medida del mérito, es la proporción de la calidad de cortesano. 

Ambos regímenes impusieron la "paz obligada" aniquilando a sus opositores y despreciaron la ley para construir la voluntad de un solo hombre. El Porfiriato y el Priato crearon simpatías, culturizando con principios políticos propicios para su dominación.

El fin del Porfiriato tiene similitudes innegables con el Priato, en la visión de algunos estudiosos de la política; el PRI no estimuló cambios estructurales acorde a sus tiempos democráticos, ni siquiera, graduales.

El PRI es un partido político conservador; convertido en el ANTI-MÉXICO por la ambición del poder y una desmedida corrupción. La democratización de México no debe supeditarse a los humores personales.

Las entidades federativas requieren cambios estructurales en el poder público; es decir, son obligatorias las reformas al Ejecutivo, Legislativo Y Judicial, desarticulando la excesiva concentración de la toma de decisiones de los gobernadores, característica inherente a los sistemas autoritarios.

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