Ricardo León Caraveo
9 de julio 2010
Seis años equivalen a 72 meses, y esto lo tienen muy presente los artesanos del poder público. En política, uno de los "sentidos" es el del tiempo, por ser un recurso no renovable y efímero. Adolfo Ruiz Cortines decía: "En política lo que se aplaza no se verifica". La política es la inteligencia del cuándo; así, el sexenio tiene etapas de connotación diversa.
Los años electorales son abordados con estrategias diferentes, y quien ejerce el poder público, debe planear con rigurosa disciplina sus "tiempos", porque el liderazgo del tiempo le corresponde. Salvedad, el debilitamiento, cuando circunstancias ajenas le imponen cambios. El tiempo es un tirano, un pagado de sí mismo que se asume destructor y arquitecto de grandeza. El calendario electoral de 2012 tiene citas federales y locales, y es un factor en la toma de decisiones actuales.
Considerando, restan 5 meses del 2010, 12 meses del 2011, y que para julio de 2012 (7 meses) deben estar hechas las definiciones, debemos concluir: en 24 meses conoceremos quiénes serán los candidatos (diputados federales, senadores, diputados locales, presidentes municipales y gobernadores) de los diversos partidos políticos. Los candidatos a la presidencia de la república deben estar definidos para noviembre de 2011.
Habrán disipado los futurólogos las incógnitas de nombres y alianzas. En 20 meses, la lucha será abierta, pero los tiempos de cabildeos, acuerdos de grupo, consenso en camarillas, pactos con los factores reales de poder, influencia en la clase política, posibilidades de penetración electoral, fortalecerse, prepararse y construir una red de simpatizantes, han iniciado. Las cúpulas operan y la clase política espera la señal. La cargada posé, un concepto ético muy simple: subsistir.
Los partidos políticos están rebasados porque ninguno tiene fuerza propia capaz de aportar un triunfo electoral contundente, con una decisión a capricho y pretendida, mayoritariamente, en la fuerza de las estructuras electorales.
Son importantes las cualidades de la persona –mujer u hombre– que sea nominado el representante de cada partido político. La clase política saldrá de sus trincheras ideológicas para preparar alianzas electorales entre partidos o con los grupos que puedan aportar votos o mensajes políticos cohesionantes. Estamos en el ciclo de conciliar los opuestos.